Paris Spleen

A friend of mine, the most innocuous dreamer who ever lived, once set a forest on fire to see, as he said, if it would catch as easily as people said. The first ten times the experiment was a failure; but on the eleventh it succeeded all too well.

A vida é um hospital cujos pacientes são obcecados pela troca das camas. Este quer sofrer frente a fornalha, aquele outro pensa que melhorará caso se mantenha perto da janela.

Sempre me pareceu que eu estaria melhor em qualquer outro lugar exceto o lugar em que estou agora, e esta questão de seguir adiante é uma questão que muito discuto com minha alma.

Be always drunken.
Nothing else matters:
that is the only question.
If you would not feel
the horrible burden of Time
weighing on your shoulders
and crushing you to the earth,
be drunken continually.

Drunken with what?
With wine, with poetry, or with virtue, as you will.
But be drunken.

And if sometimes,
on the stairs of a palace,
or on the green side of a ditch,
or in the dreary solitude of your own room,
you should awaken
and the drunkenness be half or wholly slipped away from you,
ask of the wind,
or of the wave,
or of the star,
or of the bird,
or of the clock,
of whatever flies,
or sighs,
or rocks,
or sings,
or speaks,
ask what hour it is;
and the wind,
wave,
star,
bird,
clock will answer you:
"It is the hour to be drunken!

Bisogna sempre essere ubriachi. Tutto qui: è l'unico problema. Per non sentire l'orribile fardello del Tempo che vi spezza la schiena e vi tiene a terra, dovete ubriacarvi senza tregua. Ma di che cosa? Di vino, poesia o di virtù : come vi pare. Ma ubriacatevi. E se talvolta, sui gradini di un palazzo, sull’erba verde di un fosso, nella tetra solitudine della vostra stanza, vi risvegliate perché l’ebbrezza è diminuita o scomparsa, chiedete al vento, alle stelle, agli uccelli, all'orologio, a tutto ciò che fugge, a tutto ciò che geme, a tutto ciò che scorre, a tutto ciò che canta, a tutto ciò che parla, chiedete che ora è; e il vento, le onde, le stelle, gli uccelli, l'orologio, vi risponderanno: "È ora di ubriacarsi! Per non essere gli schiavi martirizzati del Tempo, ubriacatevi, ubriacatevi sempre! Di vino, di poesia o di virtù, come vi pare.

Dans ce trou noir ou lumineux vit la vie, rêve la vie, souffre la vie.

Déjame respirar mucho tiempo, mucho tiempo, el olor de tus cabellos; sumergir en ellos el rostro, como hombre sediento en agua de manantial, y agitarlos con mi mano, como pañuelo odorífero, para sacudir recuerdos al aire.
¡Si pudieras saber todo lo que veo! ¡Todo lo que siento! ¡Todo lo que oigo en tus cabellos! Mi alma viaja en el perfume como el alma de los demás hombres en la música.
Tus cabellos contienen todo un ensueño, lleno de velámenes y de mástiles; contienen vastos mares, cuyos monzones me llevan a climas de encanto, en que el espacio es más azul y más profundo, en que la atmósfera está perfumada por los frutos, por las hojas y por la piel humana.
En el océano de tu cabellera entreveo un puerto en que pululan cantares melancólicos, hombres vigorosos de toda nación y navíos de toda forma, que recortan sus arquitecturas finas y complicadas en un cielo inmenso en que se repantiga el eterno calor.
En las caricias de tu cabellera vuelvo a encontrar las languideces de las largas horas pasadas en un diván, en la cámara de un hermoso navío, mecidas por el balanceo imperceptible del puerto, entre macetas y jarros refrescantes.
En el ardiente hogar de tu cabellera respiro el olor del tabaco mezclado con opio y azúcar; en la noche de tu cabellera veo resplandecer lo infinito del azul tropical; en las orillas vellosas de tu cabellera me emborracho con los olores combinados del algodón, del almizcle y del aceite de coco.
Déjame morder mucho tiempo tus trenzas, pesadas y negras. Cuando mordisqueo tus cabellos elásticos y rebeldes, me parece que como recuerdos.

Descontente com tudo, descontente comigo, eu gostaria de me redimir, sentir um pouco de orgulho no silêncio e na solidão da noite. Almas daqueles que amei, almas daqueles que cantei, deem-me forças, suportem-me, distanciem-me das mentiras e dos vapores infectos do mundo, e tu, meu senhor, Deus! Dá-me a graça para produzir alguns belos versos para que eu prove a mim mesmo que não estou entre a borra dos homens, que não sou inferior aqueles a quem desprezo.

E, no caminho para casa, obcecado com esta visão, tentei analisar minha súbita tristeza, dizendo para mim: o que eu vi foi o próprio quadro do velho homem de letras que sobreviveu a geração que ele, outrora, brilhantemente entreteu; do velho poeta sem amigos, sem família, sem crianças, degradado pela sua pobreza e pela ingratidão do público, de pé na tenda que o ingrato mundo não mais deseja entrar!

»En verdad, querida, me molestáis sin tasa y compasión; diríase, al oíros suspirar, que padecéis más que las espigadoras sexagenarias y las viejas pordioseras que van recogiendo mendrugos de pan a las puertas de las tabernas.
»Si vuestros suspiros expresaran siquiera remordimiento, algún honor os harían; pero no traducen sino la saciedad del bienestar y el agobio del descanso. Y, además, no cesáis de verteros en palabras inútiles: ¡Quiéreme! ¡Lo necesito «tanto»! ¡Consuélame por aquí, acaríciame por «allá»! Mirad: voy a intentar curaros; quizá por dos sueldos encontremos el modo, en mitad de una fiesta y sin alejarnos mucho.
»Contemplemos bien, os lo ruego, esta sólida jaula de hierro tras de la cual se agita, aullando como un condenado, sacudiendo los barrotes como un orangután exasperado por el destierro, imitando a la perfección ya los brincos circulares del tigre, ya los estúpidos balanceos del oso blanco, ese monstruo hirsuto cuya forma imita asaz vagamente la vuestra.
»Ese monstruo es un animal de aquéllos a quienes se suelen llamar “¡ángel mío!”, es decir, una mujer. El monstruo aquél, el que grita a voz en cuello, con un garrote en la mano, es su marido. Ha encadenado a su mujer legítima como a un animal, y la va enseñando por las barriadas, los días de feria, con licencia de los magistrados; no faltaba más.
¡Fijaos bien! Veis con qué veracidad —¡acaso no simulada!— destroza conejos vivos y volátiles chillones, que su cornac le arroja. “Vaya —dice éste—, no hay que comérselo todo en un día”; y tras las prudentes palabras le arranca cruelmente la presa, dejando un instante prendida la madeja de los desperdicios a los dientes de la bestia feroz, quiero decir de la mujer.

Es hermosa y más que hermosa: es sorprendente. Lo negro en ella abunda; y es nocturno y profundo cuanto inspira. Sus ojos son de astros en que centellea vagamente el misterio, y su mirada ilumina como el relámpago: es una explosión en las tinieblas.

Hay naturalezas puramente contemplativas, impropias totalmente para la acción, que, sin embargo, merced a un impulso misterioso y desconocido, actúan en ocasiones con rapidez de que se hubieran creído incapaces.
El que, temeroso de que el portero le dé una noticia triste, se pasa una hora rondando su puerta sin atreverse a volver a casa; el que conserva quince días una carta sin abrirla o no se resigna hasta pasados seis meses a dar un paso necesario desde un año antes, llegan a sentirse alguna vez precipitados bruscamente a la acción por una fuerza irresistible, como la flecha de un arco. El moralista y el médico, que pretenden saberlo todo, no pueden explicarse de dónde les viene a las almas perezosas y voluptuosas tan súbita y loca energía, y cómo, incapaces de llevar a término lo más sencillo y necesario, hallan en determinado momento un valor de lujo para ejecutar los actos más absurdos y aun los más peligrosos.
Un amigo mío, el más inofensivo soñador que haya existido jamás, prendió una vez fuego a un bosque, para ver, según decía, si el fuego se propagaba con tanta facilidad como suele afirmarse. Diez veces seguidas fracasó el experimento; pero a la undécima hubo de salir demasiado bien.
Otro encenderá un cigarro junto a un barril de pólvora, para ver, para saber, para tentar al destino, para forzarse a una prueba de energía, para dárselas de jugador, para conocer los placeres de la ansiedad, por nada, por capricho, por falta de quehacer.
Es una especie de energía que mana del aburrimiento y de la divagación; y aquéllos en quien tan francamente se manifiesta suelen ser, como dije, las criaturas más indolentes, las más soñadoras.

Hay que estar siempre ebrio. Nada más: ése es todo el asunto. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que os fatiga la espalda y os inclina hacia la tierra, tenéis que embriagaros sin tregua. Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como queráis. Pero embriagaos.

I am a cemetery by the moon unblessed.

In this respect you, unworthy companion of my sad life, resemble the public, to whom one must never present the delicate scents that only exasperate them, but instead give them only dung, chosen with care.

It always seems to me that I should feel well in the place where I am not.

La plus belle des ruses du diable est de vous persuader qu'il n'existe pas."

("The devil's finest trick is to persuade you that he does not exist.")

L'étude du beau est un duel où l'artiste crie de frayeur avant d'être vaincu.

—Lindo perro mío, buen perro, chucho querido, acércate y ven a respirar un excelente perfume, comprado en la mejor perfumería de la ciudad.
Y el perro, meneando la cola, signo, según creo, que en esos mezquinos seres corresponde a la risa y a la sonrisa, se acerca y pone curioso la húmeda nariz en el frasco destapado; luego, echándose atrás con súbito temor, me ladra, como si me reconviniera.
—¡Ah miserable can! Si te hubiera ofrecido un montón de excrementos los hubieras husmeado con delicia, devorándolos tal vez. Así tú, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, a quien nunca se ha de ofrecer perfumes delicados que le exasperen, sino basura cuidadosamente elegida.

Mais qu'importe l'éternité de la damnation à qui a trouvé dans une seconde l'infini de la jouissance!

No a todos les es dado tomar un baño de multitud; gozar de la muchedumbre es un arte; y sólo puede darse a expensas del género humano un atracón de vitalidad aquél a quien un hada insufló en la cuna el gusto del disfraz y la careta, el odio del domicilio y la pasión del viaje.
Multitud, soledad: términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. El que no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en una muchedumbre atareada.
Goza el poeta del incomparable privilegio de poder a su guisa ser él y ser otros. Como las almas errantes en busca de cuerpo, entra cuando quiere en la persona de cada cual. Sólo para él está todo vacante; y si ciertos lugares parecen cerrársele, será que a sus ojos no valen la pena de una visita.
El paseante solitario y pensativo saca una embriaguez singular de esta universal comunión. El que fácilmente se desposa con la muchedumbre, conoce placeres febriles, de que estarán eternamente privados el egoísta, cerrado como un cofre, y el perezoso, interno como un molusco. Adopta por suyas todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que las circunstancias le ofrecen.
Lo que llaman amor los hombres es sobrado pequeño, sobrado restringido y débil, comparado con esta inefable orgía, con esta santa prostitución del alma, que se da toda ella, poesía y caridad, a lo imprevisto que se revela, a lo desconocido que pasa.
Bueno es decir alguna vez a los venturosos de este mundo, aunque sólo sea para humillar un instante su orgullo necio, que hay venturas superiores a la suya, más vastas y más refinadas. Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los sacerdotes misioneros, desterrados en la externidad del mundo, conocen, sin duda, algo de estas misteriosas embriagueces; y en el seno de la vasta familia que su genio se formó, alguna vez han de reírse de los que les compadecen por su fortuna, tan agitada, y por su vida, tan casta.

Nothing is as tedious as the limping days,
When snowdrifts yearly cover all the ways,
And ennui, sour fruit of incurious gloom,
Assumes control of fate’s immortal loom

¡Oh noche! ¡Oh refrescantes tinieblas! ¡Sois para mí señal de fiesta interior, sois liberación de una angustia! ¡En la soledad de las llanuras, en los laberintos pedregosos de una capital, centelleo de estrellas, explosión de linternas, sois el fuego de artificio de la diosa Libertad!
¡Crepúsculo, cuán dulce y tierno eres! Los resplandores sonrosados que se arrastran aún por el horizonte, como agonizar del día bajo la opresión victoriosa de su noche, las almas de los candelabros que ponen manchas de un rojo opaco en las últimas glorias del Poniente, los pesados cortinajes que corro una mano invisible de las profundidades del Oriente, inician todos los sentimientos complicados que luchan dentro del corazón del hombre en las horas solemnes de la vida.

Oh, sim! O Tempo está de volta; O Tempo reina como um rei agora; e junto dele aquele velho homem com seu arsenal demoníaco de Memórias, Arrependimentos, Espasmos, Medos, Ansiedades, Pesadelos, Raivas, e Neuroses.
Eu lhe asseguro que os segundos são mais fortes agora, solenemente acentuados, e cada um, saltando do relógio, diz assim, Eu sou a Vida, intolerável, implacável!

¿Quiénes son los infortunados a quien la tarde no calma, y toman, como los búhos, la llegada de la noche por señal de aquelarre?

The devil's finest trick is to persuade you that he does not exist.

The man who is unable to people his solitude is equally unable to be alone in a bustling crowd. The poet enjoys the incomparable privilege of being able to be himself or some one else, as he chooses. [...] The solitary and thoughtful stroller finds a singular intoxication in this universal communion. [...] What men call love is a very small, restricted, feeble thing compared with this ineffable orgy, this divine prostitution of the soul giving itself entire...to the unexpected as it comes along, the stranger as he passes.

This life is a hospital in which each patient is possessed by the desire to change beds. One wants to suffer in front of the stove and another believes that he will get well near the window.

It always seems to me that I will be better off there where I am not, and this question of moving about is one that I discuss endlessly with my soul

"Tell me, my soul, my poor chilled soul, what would you think about going to live in Lisbon? It must be warm there, and you'll be able to soak up the sun like a lizard there. That city is on the shore; they say that it is built all out of marble, and that the people there have such a hatred of the vegetable, that they tear down all the trees. There's a country after your own heart -- a landscape made out of light and mineral, and liquid to reflect them!"

My soul does not reply.

"Because you love rest so much, combined with the spectacle of movement, do you want to come and live in Holland, that beatifying land? Perhaps you will be entertained in that country whose image you have so often admired in museums. What do you think of Rotterdam, you who love forests of masts and ships anchored at the foot of houses?"

My soul remains mute.

"Does Batavia please you more, perhaps? There we would find, after all, the European spirit married to tropical beauty."

Not a word. -- Is my soul dead?

Have you then reached such a degree of torpor that you are only happy with your illness? If that's the case, let us flee toward lands that are the analogies of Death. -- I've got it, poor soul! We'll pack our bags for Torneo. Let's go even further, to the far end of the Baltic. Even further from life if that is possible: let's go live at the pole. There the sun only grazes the earth obliquely, and the slow alternation of light and darkness suppresses variety and augments monotony, that half of nothingness. There we could take long baths in the shadows, while, to entertain us, the aurora borealis send us from time to time its pink sheaf of sparkling light, like the reflection of fireworks in Hell!"

Finally, my soul explodes, and wisely she shrieks at me: "It doesn't matter where! It doesn't matter where! As long as it's out of this world!

What can an eternity of damnation matter to someone who has felt, if only for a second, the infinity of delight?

Who among us has not dreamt, in moments of ambition, of the miracle of a poetic prose, musical without rhythm and rhyme, supple and staccato enough to adapt to the lyrical stirrings of the soul, the undulations of dreams, and sudden leaps of consciousness.